Un empate que sabe a derrota
El Burgos dejó escapar dos puntos en el descuento ante el Real Zaragoza y cerró 2025 con la sensación ya conocida en El Plantío: le cuesta transformar buenos partidos en victorias. El equipo blanquinegro volvió a mostrar una versión fiable a ratos, pero volvió a fallar cuando tocaba defender el resultado en los minutos finales.
Defensa: seria… pero blanda en los centros
Cantero apenas tuvo trabajo durante el encuentro, pero en el gol del empate pudo hacer algo más.
Lizancos cumplió bien atrás, tapando su banda, aunque se proyectó poco en ataque porque el partido pedía más contención.
Aitor Córdoba no se complicó con balón y estuvo correcto, pero, como toda la zaga, necesita ser más contundente defendiendo balones laterales.
Grego Sierra marcó territorio y fue agresivo en los duelos, aunque el Burgos volvió a conceder remates demasiado claros en acciones a balón parado.
Florian volvió a responder en el lateral izquierdo y, además, firmó la asistencia en el gol de David González.
Centro del campo: trabajo sólido, menos brillo
Marcelo Expósito regresó al once y dio equilibrio por dentro, ayudando a afianzar el centro del campo con una actuación notable.
Morante estuvo menos lúcido que en otros partidos, condicionado por la fuerte presión maña en la medular, pero gestionó con criterio las salidas de balón.
Segunda línea: esfuerzo sin demasiada participación
David González aprovechó la ocasión que tuvo marcando el gol del Burgos, aunque en el juego abierto apenas pudo brillar en ataque.
Curro Sánchez recibió pocos balones en zonas de peligro y tuvo que retrasar su posición para entrar en contacto con el juego, presionando y colaborando en las combinaciones ofensivas.
Ataque: trabajo incansable, poca puntería
Íñigo Córdoba dispuso de una buena ocasión en la segunda mitad que desbarató Andrada y ayudó mucho a Florian Miguel en las coberturas defensivas por izquierda.
Fer Niño volvió a ser el primer defensor del equipo, presionando sin descanso la salida del rival; tuvo dos remates en la segunda parte que se marcharon desviados.
Los cambios no lograron sentenciar
Mollejo entró para dar profundidad por la banda izquierda, pero lo hizo en un tramo en el que el Zaragoza mandaba y el Burgos reculaba.
Fermín salió para refrescar la medular y ayudar en el costado derecho ante la ofensiva aragonesa, aportando trabajo sin cambiar el guion.
Mario González tuvo dos balones interesantes en zona de remate, pero no encontró la precisión necesaria para cerrar el partido.
El Burgos despide el año con un punto que sabe a poco y con la asignatura pendiente de siempre: aprender a defender sus ventajas en casa hasta el pitido final.


















